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pongamosquehablo

En memoria de las que ya no están, nomás.

I
Deberías saber
con qué amargura me lavé tu perfume:
un jabón de hotel bastó para devolverme
el aséptico olor a hombre sin historia sobre la piel.
LLovía a lo largo de todo Madero.
También el terco olor a lluvia lo perdí esa mañana.
El grifo oxidado y el agua fría,
los besos cepillados con dentífrico
y el primer periódico de la mañana
anunciándote que yo, a estas alturas,
ya era un intruso.
Hermana que venías tan de otra vida:
yo te ofrecí un oscuro diván de cantina,
mi mejor abrazo contra el tumulto de la gente
y la única lluvia para esta primavera.
Te fuiste sin saber
que la vida esa mañana debió llamarse
café en La Pagona, cine solo, calle iluminada.

Hoy es domingo y todo está vacío.
A unas cuadras de aquí hay un árbol de bugambilia
que me recuerda lo púrpura de tu herida
y al doblar la esquina rumbo a casa
como un dromedario lastimado
cargo mi joroba lenta
y comprendo tu partida
y comprendo mi derrota.

Al Sur de la Cuidad de México,
Jonathan L. L.
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