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Interrupción aceptada

"Les escribo sólo para pedirles una noción sencilla, la más corriente, tal vez la menos creativa, la del pasillo en la biblioteca, en la calle sin más acto que calle... Un dato de vulgar mortal, sólo saber dónde están, por cuánto supone el tiempo"

Pablo Uc.

Sólo he dormido una hora. Tomé un autobus de Londres al aeropuerto de Stansted a las tres de la madrugada. Antes tuve que esperar afuera de Liverpool Station poco menos de dos horas porque la cerraron. Se me acabaron los pepeles para liar tabaco. Mi discman se descompuso. Velé el sueno de una inglesa. Me comí un durazno (del tamano de una nuez) que me costó veinte pesos. Leí una nota sobre el asesinato de un brasileno que fue confundido con un terrorista. Escuché sirenas de patrulla cada quince minutos. Era noche, yo estaba en Londres, sentado en el borde de una banqueta, frente a un taxista y una cabina telefónica. "En este barrio se paseaba Jack el destripador", pensaba yo sin mayores glorias intelectuales y buscaba ansioso con la mirada a quién pedirle un cigarro.

No sé cómo, pero ahora estoy en Berlín (A Eric lo veré hasta manana). Tardé más de una hora en descifrar el sistema de trenes de la ciudad: tren rápido, tren subterráneo, tren regional. En el tren por fin pude fumar al lado de un seudomilitar que bebía cerveza y liaba un tabaco por minuto. No he dormido. Todavía no como. No tengo hostal y este tiempo debería usarlo para buscar uno en la web. Cargo con casi veinte kilos. No he visto nada: apenas un río, las tetas de una alemana que en una tienda de ropa se quitó la blusa sin ningún pudor, los ojos turbios de dos o tres teen-agers europeos. Llaman especialmente mi atención: sucios, lánguidos, harapientos, despidiendo un olor a neoliberalismo podrido, a desilusión-aquí- y-ahora, hoy. No sé por qué, pero tengo la sensación de que en esta ciudad todo el mundo tiene un tatuaje menos yo. Especialmente aquí (No sé explicarlo).Estoy a una cuadra de la estación de Friedrichstrabe. Ni siquiera puedo pronunciar la palabra.

Para Pablo, por supuesto. Sin mayores pretenciones porque tu petición la necesitaba. Porque están plenas tus palabras, como nunca, y te escucho el corazón hasta aquí, en medio de un país, un continente, una ciudad que no sé qué tanto tiene de real o es una presión de mis ojos sobre la luz y la piedra, en mi cabeza, generándome la ilusión de estar y no estar aquí.
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