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Carta a un hombre famélico (o varios)

Estimado Erik, el fin de semana antepasado Cambero, el Bofo y tu servidor tuvimos la ligereza de tomar un raite (en realidad fueron varios, por la imprudencia del supuesto experto, Cambero) rumbo al estado de Hidalgo, con el objeto de visitar al Poeta antes de su partida al mundo civilizado. Entre las varias conversaciones, acompañados por una buena dosis de pulque, cerveza y hasta whisky, Jonás nos comentaba que has perdido una cantidad notoria de kilos, al grado de que te ves un poco más joven. Supongo que esto se debe a las carencias económicas, sobre todo por lo cara que ha de ser la vida en aquellas latitudes.
Sería hipócrita de mi parte decirte que eso me consternó; estoy consciente de tu infalible estoicismo para ciertas cuestiones. Sin embargo, desde hace días no he podido dejar de pensar en tu apetito, y más ahora que mi buena esposa se ha esmerado en preparar estas enchiladas de pollo. ¿Cuántas te gusta que devore? ¿Seis, ocho, diez o quizá catorce en tu honor y a tu salud? No creo que esté de sobra decir que están acompañadas por una cantidad considerable de lechuga fresca y recién lavada, así como de crema que he rebajado con un poco de leche y agua para que se deslice libremente por las tortillas color jitomate. Y no podría faltar el quesito seco, que sin ningún tipo de educación o de modales desmorono y desperdigo alrededor del platillo, para después chuparme los dedos en el acto de higiene más bello y modesto que el hombre haya creado.
Sé que ahora no puedo compartirte de mis alimentos, pero cuando vuelvas ten la certeza de que lo haré. Extiéndase esta invitación a todos los hijos pródigos, a todos aquellos que intentando conquistar el mundo o buscándose a sí mismos sólo encontraron el hambre.

P.D. ¿Cómo te gusta que me coma mis enchiladas, con tenedor o las levanto con mis dedos limpios como si fueran tacos, aunque me manche las manos?

Víctor Arroyo Domínguez, inmerecido padre de Ayoualtzin
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2 comentarios

Otro anónimo -

Debo confesar, aún despues de auotoproclamarme un clasemediero tercermundista - es decir, un burgués miedoso de las inclemencias de los testarudos muchachitos que se enamoran de la vida aventurera - que envidié su singular e inigualable forma de apetecer unas enchiladas.

Condenado a mañanas incansables de yogurt y granola, de cereal y all-bran obligado, le juro que al escuchar las mentadas enchiladas, sabiendo que en la misma provincia, con mi estomago descompuesto por los pambazos, taquitos de tripa y sin fin de gastronomía capitalina que me hizo chuparme los dedos, estoy haciéndome agua la boca.

Confieso que su invitación intercontinental y medio utópica no me provocó la mínima envidia. Mucha, a decir verdad. ¡Con un carajo, tengo semanas sin probar un bocado de carne! y todo por mi ingenua idea de consumir lo más barato en el Defectuoso. Ahora veo que ser prole y aventurarse por puro gusto, y no por necesidad, trae consecuencias indeseables. Veme si no, con mi vino tinto y un plato de all-bran al lado.

p.d. ¿Para cuando unas caguamas? ¿O una sesión en vivo y a todo color como solían ser aquellas gloriosas reuniones de antaño? ¿Aunque sea sin los hermanos a los que se le aparece la Virgen de Almudena, no con flores, sino con unos pechos desnudos? ¿Aun sin el hermano al que una mujer vulgar le enamora precozmente en el Sur? ¿Aun sin los que estamos en esta ciudad caminando sin descendencia y sin mujer al lado de nuestra cama? ¿Cuando?
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Anónimo -

Provecho Don Vic. Siento no acompañarle en sus, ciertamente exóticas y presumiblemente exquisitas enchiladas, pero verá que estoy un bastante lleno y un poco ocupado. No es fácil la digestión de cinco tortillas recién echas por manos del nombrado Poeta. Asimismo ahora me encuentro sentado frente al mediterráneo. El horizonte se pierde al fundirse mar y cielo, mientras bebo vino tinto de 60 cents. con uno de los amigos que más quiero, al ritmo acelerado de los acordes y gritos subversivos de "Qué te pasa Buenos Aires, no es con vos………".Además, por si fuera poco, una mujer hermosa justo se ha tendido a nuestro costado, logrando mostrar como sus delicadas curvas se integran al paisaje, cual dunas de esta arena suave.
Aunque lo quisiera no podría acompañarlo dentro de los dos siguientes meses a comer sus ricas enchiladas, ya que, bueno pues tengo unos boletos de avión que me aseguran conocer Paris, Londres, Berlín, Barcelona y otros lugares de Andalucía. Lo siento, no sabe como le envidio sus enchiladas, pero ya será otra ocasión.
De por seguro que encontré el hambre en estas tierras, pero con ella, millares de mujeres hermosas, que se pasean sin sostén por la playa, multitud de cine, castillos, proezas arquitectónicas y la caguama a 9 pesos.

Un saludo y provecho.
P.D. De seguro le reclamaré esas enchiladas a mi retorno.
cid mundano
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