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LA CIUDAD Y LA SOLEDAD

Él no puede escribir, el zumbido de los carros no le deja escribir.
Él está entre el agua y la rabia del asfalto.
Él guarda en su bolsillo tres poemas, guarda tres rostros de mujer.

Sólo son tres calles entre él y ella,
Sólo son tres cigarrillos, para olvidar el rumor de los autos y comenzar a escribir.

Tres minutos más y la lluvia ha tocado cada piedra del puente,
Arquitectura de piedra, extensión de la tierra.

Él se ha olvidado de maldecirle a la ciudad su ruido, su olor, su ira………….
Tres nostalgias en su libreta: ternura de mujer, murmullo de mujer, aroma de mujer…….
A él le bastan tres copas de cantina: cigarro, deseo, licor……….

Él no sabe si ha contado más de tres mentiras o menos de tres verdades,
Él sabe que este río, testigo ausente de ciudad, ha visto a muchos escribir más de tres líneas, como las de él, sin originalidad.

El volverá de nuevo a levantarse por la madrugada a las 3:00am, con la misma canción, un agobio de asfalto y un sudor salado como de mar.
En su cama él, solo sin ninguno de esos gestos que pretendió atrapar en-tres sus bocetos.

Sólo le quedará mirar por la ventana, el débil reflejo de los asfixiantes anuncios de neón.
Le quedará el olor a tabaco quemado,
Y el lejano sonido de tres pasos que caminan, sin saber que buscar, solos…en las calles de esta ciudad……..

Cid urbano.
Valencia 2 marzo, lluvia y tinto en el río

...

EPITAFIO DE EVA, por ADÁN

Donde ella estaba, estaba el Edén.

Mark Twain,Eve´s Diary (1905)
Tomado de: El libro del cielo y del infierno, Comp. de Jorge Luis Borges y Adolfo Byo Casares.

La ciudad

La ciudad respira, late, bebe y en algunas contadas ocasiones, también duerme.
Todos formamos a las ciudad a la vez que ella nos moldea, paseamos por sus calles, bebemos en sus bares, mientras ella guarda nuestros encuentros en sus esquinas, nuestros desamores en sus bancas y la memoria colectiva en sus paredes y sus edificios.

Señores, la ciudad es nuestra casa, el campo ha pasado a ser una imagen anecdótica de nuestros abuelos y de Rousseau. Nuestros poetas fuman sus cigarrillos en los cafés del centro de la ciudad y respiran el perfume de las musas de camión.

Es por ser la ciudad la confluencia de los deseos, frustraciones, vicios y expresiones de nosotros los hombre modernos, que creo necesario este intento de acercamiento a la urbe, con referentes particulares de focalización. Sentir la ciudad desde diversos ángulos, cual intento de visión poliédrica.
Las focalizaciones han surgido desde una experiencia subjetiva y sensorial, más que de un estudio de calidad académica.

Los temas sugeridos son los siguientes:
La ciudad y el tiempo
La ciudad y el cine
La ciudad y la euritmia
La ciudad y la ira
La ciudad y el vicio
La ciudad y el paisaje
La ciudad y la mierda
La ciudad y el espacio
La ciudad y el desarraigo
La ciudad y el arte
La ciudad y los gatos(a propósito de los tejados y por joder a Vargas Llosa)
La ciudad y lo viejo (la sacralización de lo antiguo)
La ciudad y lo nuevo (el culto a lo moderno)
La ciudad y las palomas
La ciudad y la soledad.

Por lo tanto, ésto no pretende ser un trabajo urbanístico, lo que procura es ser un acercamiento fenomenológico del fluir urbano. Queda abierta la lista por si alguien desea tomar un tema, proponer otro, continuar algún escrito o ignorarlos todos.
Vengan pues las vivencias urbanas, sus repercusiones sensoriales y sus múltiples focalizaciones expresivas.

Cid urbano

En memoria de las que ya no están, nomás.

I
Deberías saber
con qué amargura me lavé tu perfume:
un jabón de hotel bastó para devolverme
el aséptico olor a hombre sin historia sobre la piel.
LLovía a lo largo de todo Madero.
También el terco olor a lluvia lo perdí esa mañana.
El grifo oxidado y el agua fría,
los besos cepillados con dentífrico
y el primer periódico de la mañana
anunciándote que yo, a estas alturas,
ya era un intruso.
Hermana que venías tan de otra vida:
yo te ofrecí un oscuro diván de cantina,
mi mejor abrazo contra el tumulto de la gente
y la única lluvia para esta primavera.
Te fuiste sin saber
que la vida esa mañana debió llamarse
café en La Pagona, cine solo, calle iluminada.

Hoy es domingo y todo está vacío.
A unas cuadras de aquí hay un árbol de bugambilia
que me recuerda lo púrpura de tu herida
y al doblar la esquina rumbo a casa
como un dromedario lastimado
cargo mi joroba lenta
y comprendo tu partida
y comprendo mi derrota.

Al Sur de la Cuidad de México,
Jonathan L. L.

Estoy jodido

Roma ha bebido la ira de las metropolis, me dicen los autos y la gente, mientras jodido yo, por perder a dos mujeres en dos dias, no dejo de de acrecentar mi confianza en las proporciones clàsicas. Me han contado de la mùsica congelada en la arquitectura y lo he creido todo.

El papa murió ayer por la noche, un pajaro volò bajo, al tiempo que mi fe por los suelos, como de costumbre, sólo me reclamaba algo de comida para esta hambre brutal que me persigue de hace días.

Estoy jodido por las mujeres y por el hambre, mas no por la vida.
Estoy jodido y no quiero emborracharme . Preferí alegre pasear por la rambla catalana, a pensar como reconquistar a esa dama blanca que no sè còmo he ofendido.
Escribo estas lineas frente a Sta. Maria Maggiore, en lugar de acortar la distancia y la poca tinta, para parecer seductor a esos dedos de pincel.
Estoy jodido y con una sonrisa que me asusta, por duradera y autèntica.
Estoy jodido y solo, imaginàndome en el Tiber contento.

Roma 20:32

Terror kafkiano

Ya no soy el mismo. Ahora conozco mi parte más monstruosa. Las líneas de mi educación sentimental han sufrido un terrible trastorno.

Sé perfectamente dónde está. En los angostos pasillos se respira aún el humo de su último tabaco y las más pequeñas acciones, inusitadamente, ocultan su sello. Con rencor descubro su imagen en los miles de rostros que salen a mi paso durante el día. Su gesto me persigue. Hay mucho de eterno en su ensimismamiento cotidiano. Pies y manos se ocultan detrás de su mínimo reino en dos metros cuadrados.

La padezco en horas altas de la madrugada. En los días de asueto la temo pero deseo verla pronto para desafiarla nuevamente. Mi lucha se extiende sin orilla ni final visible. Esto es sólo comparable a la febrilidad que siente el enamorado. Me detengo con fruición a repasar la idea definitiva del crimen. Pensé también en humillarme por fin y pedir disculpas. Lo pienso pero su afilada imagen vuelve a mí con más y más fuerza hasta borrar cualquier indicio de compasión o piedad. Desapareció todo lo que guardé para mejores tiempos. Su odio es el odio más perfecto. Su más hondo puñal de desprecio, la indiferencia.

Sé que allí está cuando me detengo a la entrada de la fría mole de acero y granito. Su covacha, su nido estéril. Entonces ingreso al ascensor y me elevo, como el Dante en su purgatorio, al tercer piso. Siento, bajo los párpados y en una imprecisa región del alma, la fuerza de toda su negatividad contra mí. Y allí está, frente a su instrumento de tortura encendido, con los dedos manchados de tinta y olisqueando un grasoso jamón envuelto en pan rancio. Nada puedo hacer.

Ella me envía a una región subhumana en la que viven monstruos inocentes como Samsa, la criatura de Víctor Frankestain o los licántropos. Nadie puede ayudarme. Inútilmente espero el último sello de mi trámite por fin logrado. A una burócrata le debo la muerte de mis mejores sentimientos.

Nota:

Esta pequeña prosa arreolana está dedicada a todos aquellos que, de una forma u otra, a veces con ingerencia particular y directa, y otras sólo como agentes pasivos arrastrados por la inercia de un sistema, me han hecho la vida imposible en esta ciudad. Desde el pequeño hombre del banco que no quiso regresarme mi tarjeta electrónica y mandó llamar a un policía porque mi firma era sospechosa (estuve retenido en la sucursal casi una hora), pasando por la encargada de la biblioteca que me cobra retrasos fantasma, o la mujer que inspira esta prosa y que me vetó definitivamente de cualquier aula de computación para uso gratuito en toda Ciudad Universitaria, hasta la dama de Control Escolar que jamás creyó en mi palabra de ser un estudiante por Intercambio Nacional porque, así lo dijo, ella jamás había conocido a un estudiante de intercambio que no sea extranjero y usted, finalizó, no parece extranjero (no tengo, gracias a su convincente argumento, una credencial de la UNAM).

Al sur de la Cd. de México.
Jonathan L.L.

Terror kafkiano

Ya no soy el mismo. Ahora conozco mi parte más monstruosa. Las líneas de mi educación sentimental han sufrido un terrible trastorno.

Sé perfectamente dónde está. En los angostos pasillos se respira aún el humo de su último tabaco y las más pequeñas acciones, inusitadamente, ocultan su sello. Con rencor descubro su imagen en los miles de rostros que salen a mi paso durante el día. Su gesto me persigue. Hay mucho de eterno en su ensimismamiento cotidiano. Pies y manos se ocultan detrás de su mínimo reino en dos metros cuadrados.

La padezco en horas altas de la madrugada. En los días de asueto la temo pero deseo verla pronto para desafiarla nuevamente. Mi lucha se extiende sin orilla ni final visible. Esto es sólo comparable a la febrilidad que siente el enamorado. Me detengo con fruición a repasar la idea definitiva del crimen. Pensé también en humillarme por fin y pedir disculpas. Lo pienso pero su afilada imagen vuelve a mí con más y más fuerza hasta borrar cualquier indicio de compasión o piedad. Desapareció todo lo que guardé para mejores tiempos. Su odio es el odio más perfecto. Su más hondo puñal de desprecio, la indiferencia.

Sé que allí está cuando me detengo a la entrada de la fría mole de acero y granito. Su covacha, su nido estéril. Entonces ingreso al ascensor y me elevo, como el Dante en su purgatorio, al tercer piso. Siento, bajo los párpados y en una imprecisa región del alma, la fuerza de toda su negatividad contra mí. Y allí está, frente a su instrumento de tortura encendido, con los dedos manchados de tinta y olisqueando un grasoso jamón envuelto en pan rancio. Nada puedo hacer.

Ella me envía a una región subhumana en la que viven monstruos inocentes como Samsa, la criatura de Víctor Frankestain o los licántropos. Nadie puede ayudarme. Inútilmente espero el último sello de mi trámite por fin logrado. A una burócrata le debo la muerte de mis mejores sentimientos.

Nota:

Esta pequeña prosa arreolana está dedicada a todos aquellos que, de una forma u otra, a veces con ingerencia particular y directa, y otras sólo como agentes pasivos arrastrados por la inercia de un sistema, me han hecho la vida imposible en esta ciudad. Desde el pequeño hombre del banco que no quiso regresarme mi tarjeta electrónica y mandó llamar a un policía porque mi firma era sospechosa (estuve retenido en la sucursal casi una hora), pasando por la encargada de la biblioteca que me cobra retrasos fantasma, o la mujer que inspira esta prosa y que me vetó definitivamente de cualquier aula de computación para uso gratuito en toda Ciudad Universitaria, hasta la dama de Control Escolar que jamás creyó en mi palabra de ser un estudiante por Intercambio Nacional porque, así lo dijo, ella jamás había conocido a un estudiante de intercambio que no sea extranjero y usted, finalizó, no parece extranjero (no tengo, gracias a su convincente argumento, una credencial de la UNAM).

Mi más profunda admiración al pueblo mexicano que logra burocratizar a grados inverosímiles los más insignificantes actos de una vida civil pacífica y modesta como la mía y la de tantos otros.

Al sur de la Cd. de México.
Jonathan L.L.

Fumadores empedernidos, intoxicados de mujer y de la nada, onanistas del cigarrillo y poetas del bajo mundo, no pude dejar de leer estas líneas sin acordarme de vuestro triste destino:

"Yo, por supuesto, estaba consciente del delito, pero mi desesperación era mucho más fuerte, así que aseguré las ventanas con doble pasador, me encerré en el baño, encendí el cigarrillo y acto seguido, con la luz apagada, me puse en cuclillas para convertirme en el pequeño dios humeante de la nada."
Gerardo Gutiérrez Cham

V.A.

Sin puta idea

Aguardo a hurtadillas a estas horas, la violencia se desata si miro demasiado la ciudad; luchan, si me perdona la estética, lo bello y lo sublime allá afuera; no se entierran, si la vanidad me respeta, la misma daga una mujer frente a otra mujer, que una rosarina frente a otra rosarina.
Vuelco un cansado cuerpo que ha deshidratado un cuarteto de noches con humedad de Río roji-azul, bebido por quilmes, azotado por el robo a mi compañero mexicano, el recuerdo de una Sicilia negra que Nino Rota me relata con su música, y los musicales labios de esa piba con quien rompí, recien tengo noción de ayer y hoy, la limea entre la noche y el día en esta ciudad.
Saco a la luz, un intento de ilación que la Argentina se ha empeñado en arrebatarme, y Guadalajara, con sus últimas palabras (como mientras, como aquí), se obstinó en grabarme los huesos.
No tengo una clara palabra para esta ciudad de semáforos ausentes, de viento desatinado, de mujer sedante, de vos infeccioso, de alucinación extraña… o sangre ardiendo por emoción y desvarío; como tampoco el que la muerte de un polaco, de nuevo, valga más que la de cuarenta brasileiros muertos por un escuadrón de la muerte.
Si me perdonase además, la sinceridad, diría que aguardo a hurtadillas, a estas horas, aquí, sin una puta clara idea de las palabras que hacen el lugar en sonde vivo…

Desde esta noche en Rosario, Argentina
22:20 hrs.
Pablo Uc

Respuesta a un poeta

Estimado Poeta, y sin embargo Hombre, se me olvidaba, en un arranque bufonesco, motivado quizá por las ubicuas alabanzas a tu anterior boceto narrativo, que lo que menos deseo es quedar en la memoria de las generaciones venideras (mucho menos en la de mi hermosa hija) como un deleznable crítico literario; antes preferiría desangrarme atravesado por los dardos de tus poéticas pero hirientes palabras dirigidas hacia mi persona. Habrás de disculpar, en honor a la buena amistad, el atropello de mi juicio categórico, frío, injustificado y sobre todo acrítico de tu anterior escrito.
No obstante, como te empeñas en devolver bofetada por bofetada, y como no deseo poner en riesgo la no muy lejana visita al Ateneo de la agradable conversación y el empinar de botellas, en compañía de los hijos pródigos, de los que no se sienten profetas en su tierra y de los admiradores de Marco Polo y Magallanes, creo que es necesario justificarme.
Llame espantoso a tu artístico escrito, debo reconocerlo, principalmente por el derecho que me otorga la vida (y la democracia) para fastidiar de vez en cuando a un amigo, sobre todo si éste acepta complaciente el título de poeta, como si estuviera marcado desde el inicio de los tiempos por el Hado. Segundo, y no menos trascendental, porque lo leí en un momento en el que hasta unos versos de Amado Nervo me hubiesen parecido abyectos. Por último, la razón menos importante, porque el juicio que haces de algunos otros me parece doloroso y poco razonable. A riesgo de que mis palabras caigan en “saco roto”, no diré más.
En fin, niñerías y puñaladas aparte. Ahora disfrutemos de este espacio dedicado a los que se fueron, a los que medio se fueron, a los que aún no se van, a los que jamás se irán y a los que sueñan eternamente con largarse. Al final todos son igual de estimados y extrañados por éste su servidor, aunque no siempre pueda complacerlos con mi etílica presencia.
Víctor Arroyo Domínguez, padre de Ayoualtzin

Puedo Intentar

Puedo ponerme cursi y decir... que me arde lo mismo la pestaña extraviada en mi ojo izquierdo, que las manos: limitadas a escribir versos patanes, que el corazón urbano dejando esta ciudad cristera...

Puedo ponerme triste y decir... que extraño lo dado aquí, sin haber partido aun, cavilando al segundo piso, cruzando lo mismo un abrazo que un brindis escandaloso, lo mismo que Juan Manuel o Madero, o un parque de ciudad remodelada...

Puedo ponerme humilde y decir... que extraño volver al sur, al calor del agua y la mujer junto al Paraná, que me duele lo mismo una Plaza de Mayo que la milonga Buenos Aires donde me enfermaba de amor con Malena...

Puedo intentar partir y prometer no callar lo suficiente.

Desde esta noche.
Pablo Uc

Pongamos que hablo de Guanatos

Allá donde a la una se acaba el vino
donde la euforia se acoda en Molachos
donde se acabaron los molinos
pongamos que hablo de Guanatos

Donde la luna baila en la Fundadores
canta una puta en San Juan
bebo en el pulque mis temores
pongamos que hablo de Zapopan

Donde las damas huyen si las besas
hay un orgasmo frente a Catedral
me masturbo pensando en ellas
pongamos que escribimos mal, muy mal...

Detrás de un espejo en Centro Magno
hay un Occidente sin calendarios
quedan dos bachichas en el patio
pongamos que hablo de Guanatos

De la cantina zarpan las almas
restos de compatía curando a ratos
las lágrimas de hoy vierto mañana
pongamos que hablo de Guanatos

En mis palabras

En una imaginaria velada reúno a mis hermanos. En los Molachos y al son de un bolero el alcohol circula entre la mesa, la mano proverbial de Don Luis y nuestras gargantas.

Eric el Cid Urbano, desengañado y ronco, jura por los labios de una polaca que besa al otro lado del océano mientras desmitifica a la vieja Europa.

Al mismo tiempo Cambero solicita la palabra y con voz de diarista melancólico y ensimismado habla de unos senos intrépidos que conoció por allá en sus primeros años de incendiario y poeta.

El discreto Víctor, más reflexivo, más audaz y el menos atrabiliario de todos, diserta con elocuencia sobre el gusto inefable que se halla en la humedad de una hembra que no es nuestra sino del bebedor anónimo en la mesa de al lado o de cualquier otro.

Uc pide un tango y un trago más. Terrorífico y fatal, buscador incasable de absolutos, presuroso, grave y definitivo, nos habla de la muchacha que el otro día le mostró un escote tan breve como la palabra sur.

Por mi parte, les hablo acerca de Raquel y sus senos inverosímiles que una tarde vi en Coyoacán; de María José y su forma obscena y púbica de tomar notas en el cuaderno; de Georgina y sus zapatos azules y su cabello también azul y disidente de la burguesía. Les hablo de Katia, madre soltera de cuya blancura no quiero acordarme y de Tania y su frente limpia de niña purificada en una orgía.

Cuatro ciudades: Guadalajara, México D.F., Valencia y Rosario.
Tres países: México, España y Argentina.
Dos continentes: América y Europa.
Cinco nombres: Cambero, Eric, Uc, Víctor y Jonathan.

Cada quien va a registrar con absoluta libertad lo que mejor le venga en gana. La bitácora es comunal. Este método de autopublicación es para todos. No compartimos el pan ni la mesa, pero compartimos la palabra y estamos juntos hasta que la cantina del Molachos nos vuelva a reunir en Guadalajara.

Al sur de la Cd. de México D.F.
Jonathan.

Recomendación para estos días de guardar

Con estas inmortales palabras Ramón Gómez de la Serna pone toda la metafísica al alcance de nuestras manos: «Mi mano ha conocido para no olvidarlo nunca el cercioro de la vida. No tendré más que pensar en eso los malos días de la vida, para sentirme afortunado y como si hubiese contenido en las manos el agua densa, dulce y diáfana a la par que dura»

En otra parte, con el vuelo místico de una indagación cuasiteológica, se pregunta, angustiado: «¿Se podrá conseguir algo más grande en la vida que creer siempre, durante mucho tiempo, que se toca lo inaudito, lo inesperado, lo imposible?»

Esto lo dice Ramón Gómez de la Serna para referirse a los senos femeninos —aunque desconozco senos que no sean femeninos, lo escribo así a modo de prevención contra los más recientes avances en materia de cirugía transexual. Dudo que haya un pensador a la altura de este literato de siete suelas, trasnochador bohemio y voluptuoso despilfarrador de palabras. Su apoteosis de los senos femeninos debe ser leída por todo buen buscador de respuestas. Senos es el breve y rotundo título de esta obra cumbre del pensamiento en lengua española, para regocijo y ventura de nosotros los lenguados en el idioma de Cervantes.

Aunque debo confesar que los senos femeninos sin duda acaparan mi atención en cualquier circunstancia consciente y aun a veces inconsciente de mi vida, no son en absoluto el más exigible encanto que solicito en una hembra. Esto no impide que pueda ceder con benevolencia a cualquier defensor de ellos. Cualquier opinión sincera y basada en una mínima experiencia en la materia puesta a discusión, es bienvenida, mis hermanos.

Al sur de la Cd. de México
Jonathan

En mis palabras

En una imaginaria velada reúno a mis hermanos. En los Molachos y al son de un bolero el alcohol circula entre la mesa, la mano proverbial de Don Luis y nuestras gargantas.
Eric el Cid Urbano, desengañado y ronco, jura por los labios de una polaca que besa al otro lado del océano mientras desmitificaba a la vieja Europa.
Al mismo tiempo Cambero solicita la palabra y con voz de diarista melancólico y ensimismado habla de unos senos intrépidos que conoció por allá en sus primeros años de incendiario y poeta.
El discreto Víctor, más reflexivo, más audaz y el menos atrabiliario de todos, diserta con elocuencia sobre el gusto inefable que se halla en la humedad de una hembra que no es nuestra sino del bebedor anónimo en la mesa de al lado o de cualquier otro.
Uc pide un tango y un trago más. Terrorífico y fatal, buscador incasable de absolutos, presuroso, grave y definitivo, nos habla de la muchacha que el otro día le mostró un escote tan breve como la palabra sur.
Por mi parte, les hablo acerca de Raquel y sus senos inverosímiles que una tarde vi en Coyoacán; de María José y su forma obscena y púbica de tomar notas en el cuaderno; de Georgina y sus zapatos azules y su cabello también azul y disidente de la burguesía. Les hablo de Katia, madre soltera de cuya blancura no quiero acordarme y de Tania y su frente limpia de niña purificada en una orgía.
Cuatro ciudades: Guadalajara, México D.F., Valencia y Rosario.
Tres países: México, España y Argentina.
Dos continentes: América y Europa.
Cinco nombres: Cambero, Eric, Uc, Víctor y Jonathan.
Cada quien va a registrar con absoluta libertad lo que mejor le venga en gana. La bitácora es comunal. Este método de autopublicación es para todos. No compartimos el pan ni la mesa, pero compartimos la palabra y estamos juntos hasta que la cantina del Molachos nos vuelva a reunir en Guadalajara.

Al sur de la Cd. de México D.F.
Jonathan.

En mis palabras

En una imaginaria velada reúno a mis hermanos. En los Molachos y al son de un bolero el alcohol circula entre la mesa, la mano proverbial de Don Luis y nuestras gargantas.
Eric el Cid Urbano, desengañado y ronco, jura por los labios de una polaca que besa al otro lado del océano mientras desmitificaba a la vieja Europa.
Al mismo tiempo Cambero solicita la palabra y con voz de diarista melancólico y ensimismado habla de unos senos intrépidos que conoció por allá en sus primeros años de incendiario y poeta.
El discreto Víctor, más reflexivo, más audaz y el menos atrabiliario de todos, diserta con elocuencia sobre el gusto inefable que se halla en la humedad de una hembra que no es nuestra sino del bebedor anónimo en la mesa de al lado o de cualquier otro.
Uc pide un tango y un trago más. Terrorífico y fatal, buscador incasable de absolutos, presuroso, grave y definitivo, nos habla de la muchacha que el otro día le mostró un escote tan breve como la palabra sur.
Por mi parte, les hablo acerca de Raquel y sus senos inverosímiles que una tarde vi en Coyoacán; de María José y su forma obscena y púbica de tomar notas en el cuaderno; de Georgina y sus zapatos azules y su cabello también azul y disidente de la burguesía. Les hablo de Katia, madre soltera de cuya blancura no quiero acordarme y de Tania y su frente limpia de niña purificada en una orgía.
Cuatro ciudades: Guadalajara, México D.F., Valencia y Rosario.
Tres países: México, España y Argentina.
Dos continentes: América y Europa.
Cinco nombres: Cambero, Eric, Uc, Víctor y Jonathan.
Cada quien va a registrar con absoluta libertad lo que mejor le venga en gana. La bitácora es comunal. Este método de autopublicación es para todos. No compartimos el pan ni la mesa, pero compartimos la palabra y estamos juntos hasta que la cantina del Molachos nos vuelva a reunir en Guadalajara.

Al sur de la Cd. de México D.F.
Jonathan.

pandémica y celeste [frag.]

Imagínate ahora que tú y yo
muy tarde ya en la noche
hablemos hombre a hombre, finalmente.
Imagínatelo,
en una de esas noches memorables
de rara comunión, con la botella
medio vacía, los ceniceros sucios,
y después de agotado el tema de la vida.
Que te voy a enseñar un corazón,
un corazón infiel,
desnudo de cintura para abajo,
hipócrita lector -mon semblable,-mon frère!

Jaime Gil del Biedma

Gran Fiesta del Arrabal

Gran Fiesta del Arrabal

Pues aquí parte una invitación propia para una noche de sábado,
una noche, digamos, de atrevido viento, de tacones altos y escotes largos,
de mocazines dispuestos a pulir la pista de baile...
Noche de pulque y de mole...
Noche de renuncia al ridiculo...
Noche de encuentro más que de despedida...
La Gran Noche del Arrabal...